jueves, 10 de abril de 2008

Infieles sorpresas

Pocos pueden jactarse de hacer sido victimas de una infidelidad, de sentirse extasiado por las caricias dulces de una mujer, para luego pasar a ser humillado por ese vació tan lleno de llanto, que se siente al descubrir que existe al menos un ser más, aparte de ti que se ve agasajado por los favores infames de una traición.

En simple cristiano, ser un carnudo más. Recogí algunos testimonios y no he encontrado alguna persona que me diga con certeza como duele el amor, aunque muchas pueden dar fe que se sintieron tan estúpidas como me sentí yo.

La escena tristemente infiel para mí, aunque creo suponer sin realizar un exhaustivo análisis, no fue tan triste para estos ocasionales amantes, sucedió hace algunos años. En aquel entonces tenia 20 años y una enamorada de 26 años, pienso sin temor a equivocarme que nos llevábamos bastante bien en muchos aspectos, lamentablemente hay una aparte que no llego a comprender y es la razón de esta diatriba al engaño.

Sofía, la infiel, vivía sola y yo acostumbraba pasar los fines de semana en su casa, recuerdo que esa mañana no avisé que llegaría temprano, acababa de salir del trabajo y le compré flores y chocolates para sorprenderla. A ella le gustaban las sorpresas, aunque minutos después descubriría que el que se llevó la indigna sorpresa fui yo.

En la puerta de su edificio justo salía alguien, así que me escurrí por entre las personas. Mientras subía me imaginaba su rostro, la cara de felicidad que pondría y lo bien que pasaríamos el día. Llegué a la puerta de su apartamento, y para sorprenderla aún más, toqué la puerta y me escondí para que no me viera por el ojo de la puerta. La verdad es que demoraba mucho en abrir, pero al fin dejo ver su sombra por entre la luz que salía de las ventanas. Salté de repente y le dije ¡mi amor!. La note pálida, era un hecho que no me esperaba a esa hora, estaba con el cabello mojado, como si recién hubiera acabado de bañarse, me acercaba a saludarla cuando divise por entre los sillones una figura masculina, entré al apartamento con un frió en el cuerpo, presagiando lo peor, era un tipo de su trabajo recordaba haberlo visto antes en una reunión, aunque en esa oportunidad no tenía el cabello mojado como ahora, lo salude dándole la mano, y de frente penetre en su habitación si decir nada.

Examiné todo a mi alrededor, la cama destendida, un cenicero lleno de colillas de cigarros-y ella no fumaba-, una maletín con ropa de hombre, intervine el baño y encontré dos toallas mojadas, más que suficiente para darme cuenta de lo que había sucedido la noche anterior, sentía que la presión se me bajaba, que mis ojos querían explotar de lágrimas. Segundos después entró ella y me dijo que recién había llegado que no pensara mal, ¡claro le dije y su maletín esta en acá en tu cuarto! continué, espero te haga provecho,¡ah! te traje flores y chocolates, ojala te gusten. Salí caminando a paso tranquilo mientras ella me seguía para explícame lo que supuestamente había sucedido, me despedí del tipo, lo mire al rostro y apreté fuerte su mano, bajé las escaleras raudamente y sentía la voz de ella bajando y hablándome, yo no podía decir más palabras, una lágrima ya caía por mis mejillas, pero no voltee. Ya en la calle esperé salir de su campo visual, y corrí, corrí entre las calles, pensando en cada imagen que había visto, pensé cómo diablos no acabé con ese tipo, siempre fui un apersona agresiva en circunstancias que tengan que ver con chicas, más de una vez me había peleado con individuos que le faltaban el respeto a mis amigas, pero en aquella oportunidad me sentí morir, quería llegar a mi casa y refugiarme entre las almohadas de mi cama, y no salí de mi habitación en todo el día , apague mi celular y lloré.


Pocas veces no pensamos que un pérfido engaño, duele tanto en el corazón de un púber, como en los pulmones de una abuelita sesentona, en el hígado de una adolescente desquiciada igual que en la cabeza de un adulto suicida.

Un desamor no es un dolor exclusivo del corazón, es más cuando pude sentir, oler y ver aquella escena infiel, el corazón fue sólo un órgano más de mi sufrimiento, inclusive creo que es uno de mis miembros más ignorantes en esa materia, Sentí un malestar generalizado, cada centímetro de mi cuerpo desangraba, la verdad es que no sé si de amor, pero de que jodía, jodía.

5 comentarios:

Unknown dijo...

bueno me da gusto ke tengas esa valentia de publicar tus anecdotas ke son experiencias vivdas y ke se dan dia a dia de las cuales uno aprende mucho . Feicidades un beso

Xata1907 dijo...
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Cristina dijo...

ummm q puedo decir,,, no comentare hacerca del texto en si, sino de la valentía tuya d escribir historias q a muchos nos hacen sonrrojar cuando es libre ante los ojos d los demás y si capaz nunk sabrás de otros como duele el amor, porque eso es algo q no vas a poder encontrarlo con palabras...

andreita dijo...

Hola Martincito, siento q mientras leia me podia imaginar la escena que viviste, y me dio tristeza... me dejo pensativa, creo q a veces muchos vivimos un engaño pero nos es dificil relatarlo... quizas por roche o q se yo???...

Unknown dijo...

esta experiencia si esta triste!, que horrible , yo no se si hubiera podido soportar algo así, pero que tu si, bien por ti.
muy buena narración, se ve que la conoces.