Hay ocasiones en que la imaginación no cubre todos los espacios y quizá uno de esos momentos aunque parezca paradójico es la pubertad, en tiempos en que la figura femenina pasaba de representar una simple silueta a convertirse en un ser de idolatría y fantasía sexual.
Mis primeras experiencias en el campo sexual, se remitían a simples programas nocturnos, en los cuales utilizaba toda mi audacia para poder verlos sin que nadie se percate, eran imágenes muy entrecortadas en las que ver un seno o unas piernas descubiertas…servia y de mucho para mí a la hora del ejercicio individual de satisfacción.
Pronto esos momentos de tensión con el control remoto en la mano terminaron, cuando junto a unos amigos nos agenciamos de una revista triple X; Carlos, hermano mayor de uno de mis amigos nos vendió esa publicación sucia y arrugada, adornada con manchas de dudosa procedencia, que nos advirtieron después que también habían inspirado noches de pasión en solitario de otros jóvenes, dicha revista se convirtió en ese entonces para nosotros en un tesoro bendito.
Pero mi relación con los cines pornográficos comenzó a fines del año 1998, cuando acabados de cumplir los 14 años, harto de ver a las mismas mujeres en esas revistas y de narrar junto con mis amigos los diálogos de memoria, nos lanzamos decididos en busca de un cine porno, basados en un rumor que recogí de los labios de un amigo mío, el cual hasta ahora sigue visitando estos lugares.
Fue un día sábado, el cual excedidos en hormonas, partimos con rumbo desconocido, a un lugar el cual nosotros llamamos tierra prometida, ni siquiera sabíamos si nos iban a dejar entrar, por ser además de menores, petizos, riesgo que no corría yo por ser el más alto de ellos; el cine “Lily” fue el elegido ubicado en la cuadra 6 de Jorge Chávez en Breña, que aparte de carteles anunciando su triple función continuada, tentaba a los transeúntes con nombres sugerentes a las películas proyectadas, títulos como “Lolita la camionera” y “las colegialas nunca lloran” se lucían en paneles bastante atrayentes, después de una larga y complicada negociación con el boletero, logramos entrar en aquel emporio sexual, en la meca de lo prohibido, y lo concreto fue que después de pagar 4 soles más de lo que costaba la entrada, penetramos nuestros cuerpos por el umbral esperado, y entramos en un mundo de paredes oscuras, y pisos resbaladizos, donde las butacas no parecían ser las más limpias, en el cual los aromas se mezclaban entre el sudor y el hedor, donde más de uno se dejó vencer por los placeres onanicos.
Pero no nos podíamos quejar estábamos donde queríamos, además no pensábamos quedarnos a vivir ahí, nos sentamos juntos y vimos ante nosotros, todas aquellas imágenes que nos habíamos imaginado, pero esta vez en tamaño familiar y a gran sonido, pero lo que causó el deleite de nuestros ojos, fue un grupo de bailarinas que se desvestían ante nosotros, ¡mujeres!- dijimos al mismo tiempo- y desnudas, pues si, quizá habíamos alcanzado nuestro clímax máximo, con esas figuras ante nosotros, que sin lugar a dudas ambientaron nuestra mentes con recuerdos que ampliaron nuestro bagaje sexual y seguramente nos convertirían en la envidia del colegio.
Después de aquella ocasión volvimos un par de veces más, pero parece que esa experiencia dejó marcada en nosotros la idea de los cines porno, diferentes motivos nos separaron de aquellas conversaciones que ahora se vuelven cómicas cuando nos juntamos después de algunos años, y añoramos con nostalgia aquellas caminatas de peregrinaje en pos de nuestra recompensa.

2 comentarios:
Querido amigo, jajaja estuvo rechistoso, todo el time me rei, mas cuando mencionas lo de la tierra prometida, q bacilon!!! es chistoso leer esto, generalemente las mujeres no nos enteramos de esas cosas, los chicos no hablan de eso...
oye tambien me has hecho reir contandome tus fantasias con la Abad jajaja, bueno amigo miles de besos... bye
PD: q bueno q soy la primera en comentar.
Hola soy Carmen soy nueva en esto, pero tu blogg ta loco!,rajado tu cuento, o anecdota... asi son los hombres de niños?.
nosotras las mujeres no necesitamos de esas cosas , al menos no yo. muy buena historia.
chau
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